Si no tienes algo positivo para decir, es mejor que te quedes callado, “Las palabras calmadas de una lengua bondadosa son tan refrescantes como el roció y tan reconfortantes como un bálsamo. En cambio los comentarios malintencionados de una lengua perversa le aplastan el ánimo a cualquiera” (Anónimo).


Partiendo de lo anterior ya tenemos el primer lineamiento que debe definir nuestra expresión verbal, si lo seguimos entonces encontraremos los contenidos para emitir conceptos y opiniones que al ser escuchados por los demás definirán como nos perciben las personas que nos rodean.

El buen hablante sabe modular su voz y mantener a los oyentes atentos y sin que se cansen, debe subir y bajar el tono según lo amerite el concepto que transmite.

Es inevitable en algún momento de tu vida el tener que hablar en público, estar preparado y dominar el miedo escénico es posible.

Se piensa erróneamente que solo los profesionales del área de las ventas deben tener una buena dicción, nada más lejos de la realidad todos debemos manejar las técnicas adecuadas de expresión oral en nuestra vida personal y profesional.

En la academia podemos ayudarte, por eso el siguiente link puede ser de tu interés El Arte de Hablar para Influir